Cada receta tiene una historia, y cada cocinero le da un tinte especial a su creación. En este caso, la Tarta con dulce de Calafate y frutos secos elaborada por la chef Kalia Manzur, fue inspirada en una leyenda de Chubut.

En 2022, Kalia Manzur viajó 1800 km para preparar la Tarta con dulce de Calafate y frutos secos en la Cocina Verde de Caminos y Sabores. No sólo, contó sus ingredientes y el paso a paso, sino que también compartió la Leyenda de la Tarta “para darle más color a la receta”, dijo Manzur. 

Según cuenta Manzur, en este paisaje (Chubut) vivían los Tehuelches, quienes se dice eran los dueños originarios de la tierra. Los mismos que al llegar el invierno comenzaban a emigrar a pie hacia el norte buscando alimento y abrigo, debido a que el frío no era tan intenso.

En relación con estas migraciones, la tradición patagónica conserva la leyenda de que cierta vez, Koonex, una anciana curandera de la tribu, quien debido a su edad no podía caminar más, comprendiendo la ley natural de la vida decide cumplir con su destino.

Posterior a dicha situación, las mujeres de la tribu comenzaron a confeccionar un toldo con pieles de guanaco añadiendo abundante leña y alimentos.

Luego de la despedida, Koonex, fijó sus ojos cansados a la distancia hasta que la gente de su tribu desapareció tras el filo de una meseta, comenzando a sentir el silencio como un sopor envolvente y pesado después de ver que todos los seres vivientes se alejaban dejándola morir mientras el cielo multicolor se extinguía lentamente.

Así, pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera que trajo consigo los primeros brotes, las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos y las charlatanas cotorras en aquellas letras.

Cuenta la leyenda que luego del retorno de la vida y sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de aves que cantaban alegremente.

De pronto, se escuchó la voz de la vieja curandera que, desde el interior del toldo, las reprendía por haberla dejado sola durante el riguroso y largo invierno.

Tras la sorpresa, un chingolito le respondió: – nos fuimos porque en otoño el alimento escasea, además de que en el invierno no tenemos lugar en donde abrigarnos-

-Los comprendo-, respondió Koonex, -por eso, a partir de hoy tendrán alimento en otoño y abrigo en invierno, y así nunca me quedaré sola- luego la anciana calló.

Luego de que una ráfaga de viento volteara los cueros del toldo de donde aquella voz apareció, en lugar de Koonex se hallaba un hermoso arbusto espinoso, de perfumadas flores amarillas.

Al llegar el verano, las delicadas flores se hicieron fruto y antes del otoño, comenzaron a madurar tomando un color adulzorado de un exquisito sabor y alto valor alimentario.

Cuenta la leyenda que desde aquel día algunas aves no volvieron a emigrar más y las que se habían marchado, al enterarse de la noticia, regresaron para probar el nuevo y delicioso fruto del que quedaron prendados.

Fue así como los tehuelches, luego de regresar también lo probaron, adoptándolo para siempre y así desparramaron las semillas en toda la región adoptando la leyenda conocida hasta hoy como «el que come Calafate, siempre vuelve”. 

Ver la receta aquí: https://www.caminosysabores.com.ar/receta/tarta-con-leyenda/